Travesías de una mirada

Gabriel Figueroa
México es tierra de fotógrafos. Emmanuel “El chivo” Lubezki, Gabriel Beristain, Guillermo Navarro o Guillermo Prieto son algunos ejemplos. Ellos son los vivos más famosos. Lubezki aparece al lado de Christopher Doyle como el mejor fotógrafo de cine.
El padre de todos ellos fue Gabriel Figueroa. Primer fotógrafo internacional de México y, quizá, el mejor de su época, era el fotógrafo favorito de John Huston y de Buñuel.
La fotografía de Figueroa era de una suavidad única; cosa por demás difícil al trabajar con la luz de México. La luz parecía pintar las figuras, como un pincel. Sólamente he visto dos trabajos similares al suyo. Posteriores. El de Doyle en el cine de Wong Kar Wai y el de las películas de Tarkovsky, sin fotógrafo fijo. El primero convierte la luz en un cincel, graba en el filme las imágenes como si fuera madera, los segundos convertían convertían la imagen en una aguafuerte.
Figueroa es el primero de todos los fotógrafos pintores. Estudio en la Academia de San Carlos hasta los 16 años, se había vuelto huérfano.
Lunea Cornea, junto con la Editorial RM, acaba de publicar lo que pretende ser el trabajo más integral de obra de Figueroa. Este libro no sólo incluye su trabajo más conocido. Están ahí también sus primeras obras, y su trabajo con color, algunas fotografías no fílmicas y los pocos textos que escribió. Todo acompañado de estudios y ensayos sobre su obra de Elisa Lozano, Héctor Orozco, Carlos Monsiváis, Rodrigo Moya, Claudio Monterde, César Blanco y Douglas Weatherford, entre otros.
El nombre del libro, Gabriel Figueroa. Travesías de una mirada
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