La culpa del McTrío y mi maceta de albahaca

 Imagen original tomada de(gracias): Cocinando Ideas

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Yo gastrónomo acúsome de ir a McDonald’s a comprar el Mctrío del día.

Acúsome de ir solamente por el antojo de una hamburguesa de plástico con papas y refresco grandes por cinco pesos más.

A pesar de que me gusta la filosofía Slow Food, sobre mi frente llevo la culpa  de mil sopas maruchan engullidas en periodos de cruda, por rapidez o -lo que es peor -  por el simple antojo de esos noodles que seguramente se pegan en el tracto intestinal.

Me gustan también los nuggets, puedo ser la persona más feliz con una botella de catsup, un frasco de mayonesa y una bolsa de pedazos de pollo congelados y empanizados.

Bebo cocacola en cantidades obscenas, la bebo aún con una copa de chardonnay al lado, ante la mirada atónita de los que me creen conocedor de vinos.

Vivo rapidamente, defeñamente. Me subo al metro, al metrobús, al pesero tratando de llegar a tiempo al trabajo o a cualquier compromiso que tenga.

Las personas que vivimos en las grandes metrópolis estamos a merced de sus ritmos.

El defe nos motiva, nos limita y a veces nos libera.

Nuestra alimentación está condicionada por lo que se pueda comprar en los supermercados, en los tianguis, en los mercados, en las tiendas de abarrotes, los delicatessen, las tiendas orgánicas, puestos, fondas y restaurantes. Todos estos lugares, con su infinita oferta de productos de todo el mundo y a todos precios nos han hecho olvidar aquellos tiempos en los que se podía tener la hortaliza familiar, en que uno podía producir su alimento. En provincia esto todavía es una realidad, pero desgraciadamente y con mayor frecuencia, las personas abandonan sus casas junto al campo para mudarse a las ciudades.

Las especies criollas se han olvidado a favor de las semillas de producción industrial que sí, nos dan grandes rendimientos, frutos bellos a la vista, que prometen ser deliciosos pero que al cocinarlos o morderlos nos desilusiona su falta de sabor.

Esta es una invitación a recobrar la costumbre de producir nuestro alimento, que además de darnos satisfacciones, es una pequeña ayuda para contrarrestar el calentamiento global, ahorramos dinero, además de que obtendremos productos sanos y con mejor sabor.

Nada se iguala a tener la maceta de epazote o albahaca a un lado para cocinar, producir nuestros tomates para una rica salsa, o lechugas para nuestras ensaladas.

Las azoteas son un perfecto lugar para este fin, o las ventanas utilizando pequeñas macetas.

Háganlo, no se van a arrepentir. Nos merecemos una pausa para comer bien, aunque vivamos en eldefe.

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2 Comentarios

  1. ¿Seremos capaces los capitalinos de mantener una planta con vida? de ahi el exito de Monsanto y las semillas transgenicas, no saben igual, pero no se mueren tan rapido

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  1. The guilty McTrio and my pot of Basil | ExpMexico.com

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