¡Qué bonita mi unidad!

Entre apagar un cigarrillo y encender otro mientras mezclo el café en mi jarrito verde con un girasol al centro, voy recordando cuánto tiempo llevo sentado y durmiendo en este lugar…
Han pasado ya 20 años desde que camino por los mismos corredores y las calles con sus jaulas para autos.
Han pasado ya 20 años desde mi primera posada con mis vecinos del edificio 26.
Más retrocedo en mi vida y me doy cuenta que mi unidad ha sufrido el fenómeno urbanizador y no es que haya vivido en un terregal donde pastaban las vacas, pero compartiendo el agua, el drenaje y la luz con otros 8 complejos habitacionales como Demet, Arcos de Aragón, el Coyol, La ferrocarrilera, Pavón 1, “los ladrillos rojos” y otras 2 que no se ni como se llaman; hemos sufrido el ataque de los coches, embotellamientos que antes no había, colas enormes en la compañía de luz y fuerza y los ahora 3 supermercados que hasta 1990 no existían, el entubamiento del gran canal (cosa que considero positiva), sobrepoblación en las únicas 3 escuelas de nivel básico que existen en los alrededores, la modificación de las rutas viales según conveniencia de Wal-Mart, Demet y no sé quien más…
Unidad, vaya palabra, deberíamos estar unidos y lo curioso es que lo estamos, estamos pegados unos con otros saludando o ignorando a las mismas personas cada mañana en la cola de la leche en la CONASUPO y el remedo de mercado con 20 localitos para abastecer a una comunidad de más de 10 mil personas a la que pertenece este pueblo vertical en que vivo (Unidad Habitacional José María Morelos y Pavón 2) compuesta de 35 edificios con 5 niveles, 700 departamentos en total, un promedio de 2500 habitantes.
Suena increíble y yo sólo recuerdo las caras de siempre, aquéllos con los que salía a tocar timbres, bombardear ventanas con huevos pensando que nunca nos hallarían, a los papás de estos niños hoy jóvenes, algunos ya señores chiquitos que siguen jugando a la mamá y el papá.
Aquí todo se sabe, quién anduvo con quién, quién trabaja en qué cosa, el hijo de quién estuvo detenido, quién se droga y quién las vende, todo a puertas cerradas con esa hipocresía moralina del buen vecino se maneja la vida en una Unidad Habitacional.
Y es que haciéndose el tonto uno sobrevive a los malos y a los peores.
Mi unidad y 4 de las unidades que ya mencioné eran las únicas construidas para el año de 1990 cuando el gran canal aún seguía abierto a menos de 50mts de donde jugábamos futbol… y de alguna manera era interesante tener un canal de aguas negras a la orilla de la calle separado por una vieja barda de 1m de altura que aun existe y un puente para cruzar al parque “Justicia Social”.
De pronto, cuando salías del pueblo (como yo le digo) para ir a la ciudad (la colonia de al lado). Cruzabas el puente y podías ver nadando o flotando cadáveres humanos, caninos, felinos y algunas especies que imaginábamos de niños eran producto de la radiación… jejeje
Crecí entre clanes de niños hambrientos de dulces que atacaban familias completas, salíamos disfrazados y caminábamos kilómetros en busca de dulces o dineros para nuestra calaverita, en mis viajes con mi tribu he conocido mucha gente y la forma en que viven, a veces vivir en un departamento es complicado, conozco historias terroríficas de familias que viven en asinamiento como los jarochos o los cocoles.
Los jarochos, edificio 26, departamento 304, 8 personas viviendo en un departamento de 52m2, nadie sabe como se acomodaban para dormir, solo se escuchaban ruidos extraños por las noches; modo de sustento: vendedores de ropa interior de puerta en puerta en pueblos aledaños al defe. A ellos después se les unieron otros parientes, 7 más y entonces eso si era un completo misterio, como convirtieron un departamento de 2 habitaciones en una madriguera para 15 suricatos.
Los cocoles: conocidos por pertenecer a alguna subcultura extraña, pareciera que 2 de ellos además de manolito tienen retraso mental, 3 hombres y 6 mujeres viviendo en un departamento que utilizan también como bodega para la basura que recogen. Modo de sustento: pepenar la basura de las personas que les pagan en esta unidad por tirar la basura barrer y chambitas.
Ellos son muy extraños, no se bañan y siempre huelen a miados, se dice que el baño también lo usan de bodega y los he visto tirar sus desechos corporales en las coladeras con un trasto parecido a una bacinica. 7 jóvenes huérfanos o abandonados viviendo con su abuela y su bisabuela.
Es una molestia tenerlos como vecinos, de su departamento salen gatos y ratas y ese olor característico de la suciedad se expande hasta por 50 metros a la redonda, esa sí es una especie endémica en mi unidad, han hecho que toda la unidad se adapte a ellos, y es que ni salubridad ni el DIF ha podido hacer nada puesto que dicen que debemos aprender a convivir con personas que pertenecen a otra cultura (ya saben los antropólogos y sus mamadas).
Hoy en día tienen a dos pequeños de 4 o 5 años que se pasean por la unidad encueraditos, como salidos de documental del national geographic y el DIF no puede hacer nada…
Cosas extrañas pueden pasar en la dimensión desconocida de los multifamiliares, ¿no?
Ya les contaré otra más adelante nomás me acuerde
Por: ÍMAN con acento en la Í
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