Lugares anónimos: el centro de Izcalli

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Ah, las grandes esperanzas.

Cuando se planeó Cuautitlán Izcalli, los urbanistas dejaron un largo corredor comercial en el centro, rodeado de avenidas anchas, parques y grandes lotes, quizás imaginándose un futuro brillante en el que la gente pasearía por los andadores comerciales mirando los brillantes escaparates. En ese entonces todo el mundo era muy optimista.

Izcalli centro 2Hoy el centro de Izcalli es una de las muchas zonas comerciales anónimas que existen en el Defe. Además de los necesarios e impersonales supermercados (dato curioso: hay una Comercial Mexicana justo frente a una Mega Comercial. ¡Superen eso!), el centro carece de rasgos distintivos. Tianguis los lunes, locales familiares, pequeños restaurantes, Telas Parisina, dos que tres bancos, todo muy normal.

Abundan los billares y los bares, que llenan la noche con ecos de reggaeton, rock en español y música electrónica. Las calles adoquinadas están eternamente disparejas por las lluvias y todo tiene un extraño aspecto deslucido.

Izcalli centro 3A pesar de eso me fascina, especialmente a la hora del atardecer, cuando la gente empieza a irse a sus casas y los andadores se van vaciando poco a poco. Mientras el sol se oculta, las plazas comerciales se apestan a frito por los restaurantes para los empleados de los bancos y el Bazar Izcalli.

La música estruendosa de las ferreterías y las tiendas de lencería desaparece, reemplazada por el tráfico y el bullicio de las personas que se apresuran a hacer sus compras antes de que caigan las cortinillas de metal. Los edificios “altos” se ven más grandes de noche, pero no tanto como un puente incompleto (y totalmente innecesario) que marca la frontera entre la zona residencial y la comercial.

Llegada la noche y si no es fin de semana, el centro será un lugar increíblemente solitario. Al día siguiente, las pequeñas callecitas peatonales volverán a llenarse de ruido y de gente, pero los signos de abandono se van haciendo cada vez más presentes.

Izcalli centro 4Los letreros de “Se renta” y “Se vende” estaban en todos lados la última vez que fui a caminar por ahí. Subí a la Librería Romero Herrera, que antes era atendida por un estudiante de Filosofía y Música con el que platicaba por horas, antes de que se hartara de vender libros de texto y se fuera quien sabe a dónde.

Pasé frente a Plaza Octagón, una antigua construcción de arquitectura interesante que ahora está semivacía, con un antro en su piso superior: parece ser que el alcohol es el único negocio floreciente en el centro.

Antes de regresar a casa decidí visitar el Café Creppisimo, relativamente nuevo. El interior era agradable, habían invertido bastante en diseño gráfico, mobiliario y decoración. Me atendieron increíblemente rápido y con una amabilidad poco acostumbrada fuera de un Starbucks, la soda que pedí era deliciosa y el lugar me resultó muy agradable.

En la mesa de enfrente unas enfermeras platicaban muy animadamente mientras comían panqué y crepas, pero no había nadie más. Pedí un café para llevar y regresé a las calles ya oscuras, pensando si un local como Creppisimo no había cometido un error al ubicarse en mi rancho y no en Satélite o algún otro lugar con más vida.

No hay forma de saberlo, pero me gusta pensar que en esos pequeños negocios apostándole a un suburbio anónimo está la misma esperanza que tenían los que trazaron las calles y andadores del centro de Izcalli.

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1 Comentario

  1. Grandes Nostalgoas! y grandes espacios olvidados cono lo es esta zona atras de Plaza octagon, una fuente que nunca nadie mas volvera a verla con agua.
    seria interesante ver fotos de principios de izcalli. izcalli de mi infancia,
    saludos.

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