Visita al MUNAL en tres tiempos: Una épica paisajística
Plaza Tolsá:
En ella conviven, de manera indisoluble, dos monumentos emblemáticos para el DeFe realizados por Manuel Tolsá, arquitecto y escultor español, que llegó a México en 1791 y murió en nuestro país en 1816: El Palacio de Minería y el monumento ecuestre a Carlos IV – mejor conocido como “el Caballito”- que hoy dan forma a una de las plazas más bellas, tranquilas y mejor conservadas de la Ciudad de México, la cual además de contar con ejemplos del último periodo de la Colonia, conserva un testimonio arquitectónico del eclecticismo de inicios del siglo XX: el Palacio de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, hoy Museo Nacional de Arte (MUNAL).
Éste, que abrió sus puertas hace casi ya 30 años, conserva la colección de arte más importante del país. Cerca de 500 años de creación artística en México, a través de salas temáticas que permiten que los visitantes conozcan de manera casi enciclopédica las diversas corrientes, procesos y turbulencias que suponen siglos de creadores y corrientes artísticas que, como bien se ha documentado, a su manera, rememoran la historia de nuestro país.
El palacio.
Hace un par de domingos decidí retomar un viejo ritual personal que consiste en acudir de manera regular a dicho museo; para recorrer, recordar, reconocer o repasar los aspectos que subyugan. Ascender por la escalinata que va a dar al Salón de Recepciones y concluir –como consecuencia obvia de mi espíritu consumista- en la tienda del souvenirs para luego descansar, minutos antes de que cierre el museo, en alguna de las bancas de los pasillos del edifico. Quizás parezca algo intrascendete para el chilango bien informado promedio, sin embargo, no se trata de promover una guía turística, sino de reconciliarse -tal vez- con el asombro contidiano del DeFe.
Este ritual tiene su momento álgido cuando miro de nuevo y sin falta, una de las pinturas ubicada en el piso dedicado al siglo XIX: “Vista del valle de México desde el cerro del Tenayo”, del paisajista Eugenio Landesio (1810-1879). Esta pintura creada en 1870, no es conocida pues no la han institucionalizado, provoca un deleite absolutamente secreto (ya no tanto ahora), al que asiduo. Testimonial, panorámica, épica, éste lienzo como enunciación realista de una puesta del sol en el Valle de México, es un remanso rescatado del siglo turbulento en la que se creó; es el paisaje inabarcable del Valle de México, extendiéndose, finalmente, a través el pintor y consolidando a la Ciudad en algo majestuoso, legendario y total.
Las pinturas.
Influido por el paisajismo del romanticismo europeo y por el costumbrismo mexicano predominante a finales del siglo XIX, Eugenio Landesio, alumno destacado de José María Velasco, hizo un retrato del Valle de México al ocaso exacto. El cielo aún cian, repleto de nubes, cede poco a poco a los reflejos rosáceos y ocres que confirman el anochecer. Algunos hemos aceptado de cierto el término epopeya secular como una manera más o menos adecuada de describirla. Quizás, de tal forma, se puede explicar el instante en el que transmite y transforma un paisaje, una vista, en un monumento intangible, que sin embargo, no hace referencias explícitas, sino a concordantes. Quizás, reitero, sea así como radica su fuerza.
Semejante a otras pinturas épicas que capturan momentos culminantes, este lienzo de Landesio es un retrato que mitifica el paisaje, multiplicando los elementos silvestres circundando al Valle, y en su conjunto: los volcanes, el cielo, las nubes, los campesinos, sus sombras, y la -convulsa- Ciudad de México. Aquí, cual Avalon, la simiente del DeFe, pacíficamente en una leyenda, se convierte en imposibilidad.
Un contrapunto
El “Vista del valle de México desde el cerro del Tenayo” como paisaje y como suma de historia, alude a muchas obras que sobre este paisaje como personaje contrapuntean alrededor suyo: “La Visión de Anáhuac”, por ejemplo, merece ser mencionado, porque casualmente hay exposición titulada “Alfonso Reyes y los territorios del arte” . Básicamente se trata de una revisión sobre éste escritor y ensayista, vinculado con todo acontecimiento de su época. Incansable, abarco siglos de historia y conocimientos que hacen que la lectura de su obra sea semejante a un paisaje en el tiempo. Con seguridad, Alfonso Reyes tuvo la visión panorámica de Landesio cuando describió la región más transparente del aire y en general, esa visión panorámica en su obra le permitió convertirse, sin dudas, en el mejor prosista que jamás haya escrito en español…..según Borges, claro.
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